lunes, 15 de diciembre de 2008

Mujeres, peruanos, pollos y bikinis

Ya sé que es un gran montón de mierda limitarse a anunciar conciertos de un grupo de colegas en el que, encima, formas parte. Pero qué le vamos a hacer. Más que nada sirve para darle un poco de vidilla al blog ya que últimamente no tengo tiempo de llenar este espacio. Estoy demasiado ocupado con movidas y mierdas que se mueven, ya me entendéis, todo esto que le pasa a un tio cuando se le van las cosas de las manos y todo empieza a perder el sentido durante un tiempo y luego sale la maldita mariposa de ese capullo que ha colgado durante siete años en el pino del jardín de casa de tu abuela. Claro que me entendéis.

El caso es que cuando un peruano vuelve a casa a las 6 de la tarde y no se entera de nada y se dá cuenta de que ha perdido las llaves de casa, los pantalones, su tarjeta del Carrefour y el regalo de cumpleaños de su hija resulta que, según su mujer, su marido está "un poco mareado". Mola beber y conocer tias y tener ocurrencias cojonudas cuando un tipo te vende una samosa, pero por el amor de Dios, tampoco hace falta convertirse en un pedazo de mierda.

Hace ya un tiempo fui al Kentucky Fried Chicken a comer algo, tenía hambre y muchas ganas de comer rodeado de peruanos (de aquí que ahora hable de pollos, no es gratuito). Normalmente cuando voy a comer a uno de estos sitios termino odiando el pollo y me encuentro fatal, con el estómago destrozado y muy triste. Es extraño que quiera volver después de esto, pero pasa lo mismo con el alcohol, las chicas de 16 años y los bingos. El caso es que, a parte de esto, la visita al Kentucky normalmente es una experiencia agradable (dentro de lo bizarro) pero ese día me enfadé un poco con el ambiente. Primero una especie de italiano raro que tenía detrás de mi en la cola se me acercaba DEMASIADO y me rozaba los pantalones, parecía que me estuviera robando la cartera de mi bolsillo. El ser italiano incrementaba la sospecha y me puse algo nervioso. El tio iba gritando las opciones de los menús, estaba indeciso y gritaba las opciones de los menús. Era Italiano. Luego llego a la tipa que reparte pollos y le pido mi mierda. Me trae un pollo de tamaño normal y uno de tamaño diminuto, le digo que me ponga un trozo más grande por favor y la tipa pilla el trozo de tamaño normal y me tare otro de tamaño diminuto. Así que me quedé con dos pollos pequeños. No dije nada porque 1) Dios sabe lo que me traería esta vez y 2) El italiano se estaba poniendo realmente nervioso y no paraba de moverse y tocarme "sin querer". Me piré a la mesa y comí mis pollos de mierda. Dos pollitos pequeños de mierda. Me sentaron fatal, me empezó a doler el estómago de camino a casa y mientras miraba E.T. el extraterrestre me puse triste.

El otro día pasé por el lado de otro Kentucky y la verdad que me volvió a apetecer. Estos tipos tienen algún tipo de secreto.

Nota mental: El pollo que mola del Kentucky es el arrebozado crujiente. El otro apesta. Ese día comí del otro.

Ah, me olvidaba, la información del concierto está en el cartel de ahí arriba. Lo más destacable es que es gratis y hay barra libre.

De repente me he visto con la obligación de decir que el otro día me hice un bikini que parecía de bar. Nunca hubiera pensado que podría llegar a este nivel. Ya sé el truco. No voy a parar de comer bikinis.

2 comentarios:

Cristina dijo...

todos sabemos que el kentuky fried chicken en españa es una organización del gobierno para terminar con la imigración y la pobreza. Sólo van imigrantes a comer allí y los pollos que sirven están cocinados con algún producto que a la larga te mata.
en fin, ens veiem demà señor!tinc moltes de veureus en directe one more time.

el señor dijo...

Vindras? Fantástic!