Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Un mundo extraño"

Pedro: El otro día me fumé un porro.
Marcos: Menudo loco.
Pedro: Primero nada y luego, joder, luego te juro que las cosas se jodieron un poco.
Marcos: ¿Qué pasó?
Pedro: No era mi primera vez, pero nunca había fumado acompañado de una prostituta.
Marcos: Vaya...
Pedro: La tía fumaba como una loca, como si le fuese la vida. Mis hijos fliparon.
Marcos: ¿Estabas con Quim y Carles?
Pedro: Si bueno, no tienen ni 10 años, no creo que recuerden nada cuando les crezca vello en las pelotas.
Marcos: ¿Y qué paso?
Pedro: Como te he dicho las cosas se jodieron un poco. Los chicos me ayudaron a enterrarla en la carretera.
Marcos: ¿A la puta?
Pedro: A la puta.
Marcos: ¿Qué pasó?
Pedro: Las cosas se jodieron un poco.
Marcos: ¿Y los niños te ayudaron?
Pedro: No creo que recuerden esto cuando...
Marcos: ...¿Cuando tengan vello en las pelotas?
Pedro: Exacto.
Marcos: ¿Sabes?
Pedro: ¿Qué?
Marcos: Vivimos en un mundo extraño.
Pedro: Tienes toda la maldita razón.

El público entiende que con esta frase la obra ha terminado. Los aplausos no tardan en aparecer, la gente se levanta. "Ambos han estado magníficos" señala una mujer de edad media. Al poco rato salen los actores a saludar. Lo hacen varias veces, todas ellas recompensadas con un leve aumento de aplausos. Entre bastidores todos los actores y el equipo técnico se abrazan y se dan besos de alegría. Parece que "Un mundo extraño" ha sido un éxito. El director y actor principal ofrece unas tiernas palabras al equipo, la gente llora, es el gran momento de sus vidas.

Fuera, en las butacas, los hijos del director acaban de tener un flash terrible. La puta, las palas, el olor a marihuana, la carretera. Creen recordarlo todo perfectamente. De repente notan de nuevo la arena fría de la carretera en sus manos. No entienden nada, realidad y ficción se entremezclan. "Es imposible" -piensan- "que nuestro padre sea tan hijo de puta".

En el vestuario se ha abierto la primera de varias botellas de champán.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El álbum de fotos

Era la primera vez que José iba a casa de los suegros a cenar. La comida transcurre agradablemente, la cena estaba deliciosa. Al terminar se dirigen al sofá a ojear los álbumes de fotos de la familia. En una de las fotos aparece la novia de José a los 10 años en un parque acuático. Detrás hay varios niños jugando y uno de ellos está en pelotas. Este detalle pasa inadvertido para el resto de observadores debido a que el niño está en un segundo plano un tanto borroso, pero a José le resulta evidente ya que ese niño es él y recuerda perfectamente como su padre y sus amigos borrachos le arrancaron el bañador y le obligaron a nadar desnudo en la piscina. La coincidencia es sorprendente: años antes de conocerse, José y su pareja aparecen en una misma foto. Pese a la magia del momento, José se ve obligado a callar debido a su orgullo. Pasan la página y José no comenta nada. Nunca.

lunes, 19 de julio de 2010

Un bonito pueblo

El pueblo no estaba nada mal. Tenía un gran paseo al lado del mar, las casas eran antiguas, no sabría decir de qué época, pero la obra no era reciente. Era un pueblo pequeño, amistoso. La plaza tenía una bonita fuente en el centro y el suelo era arenoso. A partir de ahí se podía ir hacia 5 callejones, todos cubiertos por la sombra de las casas que los bordeaban. Ni en verano a las 12 del mediodía el sol se molestaba en entrar por esos callejones, y la verdad que eso era de agradecer. Uno se podía sentar delante de una puerta y estar fresquito la mayor parte del día. Las calles eran difíciles de rastrear, nunca seguían una línea recta y a menudo iban cambiando de nombre. Haciendo cierta combinación que no recuerdo, uno llegaba a una pequeña iglésia rodeada de varios árboles, no recuerdo el tipo de árboles. Eran árboles normales. Recuerdo que lo más raro de todo aquello es que en ningún momento vi a nadie. Ni una sola persona. Las casas estaban cerradas y los bares nunca abrían. Fueron 2 semanas muy tranquilas pero al final me tuve que ir. Algo en mi cabeza estaba a punto de estallar. Os lo juro, me dolía la cabeza. Ese puto pueblo era insoportable.

lunes, 19 de abril de 2010

Saló, "Los dedos" y los nazis

Buenas de nuevo. Estamos preparando algo para el Saló del Còmic. No es un nuevo número pero sí uno de esos "especiales" que tanto nos gustan. Esperemos que sea de su agrado.

Les invito a leer una historia que he escrito para la web de Underbrain. Se llama "Los dedos" y la podéis leer aquí. Es lunes, leed en el trabajo maldita sea, es un derecho que tenéis.

Buena semana.

domingo, 24 de enero de 2010

Un cuento fecal, uno de tantos.

Ese tipo llégó a su trabajo, se sentó en su silla y se sacó el sombrero. Al poco rato se levantó y le comentó a su jefe que se había cagado encima. Su jefe, un tipo comprensivo, le dijo que podía tomarse la tarde libre. El hombre se puso de nuevo el sombrero y se largó a casa a ver la tele. A final de mes vió que su nómina seguía igual, no le habían descontado ese día fecal. Entonces todo empezó. El tipo empezó a cagarse encima cada día, en momentos distintos de su jornada laboral. A veces a los 3 minutos de haber llegado. Se levantaba y se dirigía al jefe "-Perdona, es que creo que me he cagado encima-". El jefe lo mandaba directamente a casa. Otras veces lo hacía cuando quedaban solamente 2 horas para terminar la jornada. Cuando el jefe veía que se levantaba y se acercaba, ya se temía lo peor, aunque a veces era una falsa alarma y solamente pedía el típex. Como quien no quiere la cosa, como si fuera una novedad, como si no le pasara nunca el tipo se acercaba al jefe y lanzaba eso de: "-Perdona, es que creo que me he cagado encima-". Esto lo hacía cada día, os lo juro por mis pelotas. El truco le funcionó toda la vida, luego se jubiló y cada fin de semana contaba a sus nietos esa historia sobre cómo había conseguido vivir sin mover un dedo. Los niños no lo entendían demasiado pero sabían que el abuelo simplemente les quería decir que eso de cagarse encima en el colegio no era algo tan malo. Así que los niños siguieron cagándose encima el resto de su vida. Y los hijos de éstos también, y sus descendientes, y los otros y otros y otros...

viernes, 8 de enero de 2010

Redacción: Mi primer polvo.

La idea era viajar en el tiempo de alguna forma legal y encontrarme con el YO de hace 10 años y obligarme a ir de putas. De esta forma conseguiría dejar de tener vergüenza al decir que a mis 28 años aún no había follado. Era un buen plan. Pero salió mal. Las cosas se jodieron un poco, allí todo era más barato; la comida, la bebida, las mujeres,... El primer día que estuve en el pasado me fui con una puta y luego me pillé una buena taja. Terminé dormido en un portal con la ropa potada. Suerte que era verano y al día siguiente me pude duchar en una fuente y limpiarme un poco la ropa. Me había gastado casi todo mi dinero y no podía sacar nada del banco porque en esa época no tenía nómina en la cuenta y porque básicamente mi cartilla tenía una fecha del futuro y los putos cajeros de mierda no la podían leer. Tampoco pude entrar a una oficina de "La Caixa" a pedir una cartilla porque mi aspecto no era el de un chaval de 18 años de mierda. De todos modos ya ni me dejaron entrar por culpa de mis pintas de indigente. La verdad es que tenía mucha hambre, así que empecé a molestar a la gente, a pedirles dinero para llamar por teléfono. Conseguí unas monedas y me compré un pollo a l'ast y una cervecita. El pollo estaba bastante bueno la verdad. Estaba yo tomando tranquilamente mi cerveza en el Parc de l'Escorxador cuando de repente me vi a mi mismo andando por la calle. La verdad es que no me dije nada por vergüenza. Mi aspecto era patético. -Mejor no molestarme- pensé. Me miré en el reflejo de un aparador de un comercio y realmente me había convertido en una especie de mendigo, un vagabundo temporal depauperado. La verdad es que no tenía ni puta idea de volver a mi época contemporánea. Así que me encontré atrapado en el pasado, mendigando e intentando no encontrarme conmigo mismo. Menuda mierda ¿No? Bueno, al menos pude mojar el cimbrel. Técnicamente si volviera a mi tiempo real podría afirmar que eché mi primer polvo en el año 2000, cuando se supone que tenía 18 años, pero volver era ya IMPOSIBLE. Mi vida destrozada por buscar un primer polvo. En fin, más vale tarde que nunca.

Y eso es lo que me ha venido esta noche a la cabeza.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Último día de Noviembre del 2009

Joder ostia puta. Las cosas van mal, la verdad. En fin, me acabo de dar cuenta de que seguramente no sacaremos más Chucks este año, ya me veo corriendo para poder tenerlo para el Saló del Còmic. Seguimos con la periodicidad de siempre, seguimos igual; siempre perdiendo contra todos. Mira que llevamos tiempo metidos en esta mierda, mira que hemos sufrido y hemos sangrado y todo sigue igual. Antes soñábamos con negras de grandes tetas rebozadas en coca, ahora solamente podemos suplicar por un poco de caldo de tetrabrick por navidad. Quizás las cosas cambian, pero seguramente no. Quizás nos pongamos a escribir y salga dinero de la nada y podamos dar a luz a un nuevo niño jesús llamado CN#6, pero lo dudo. Quizás todo va viento en rabo y algún día podamos vivir de largar mierda, pero las palabras no me han dado más que problemas y multas de 300 €. A veces pierdes las ganas de toda esta mierda, solamente a veces.

En fin, la tirada de 500 CN#5 está casi obsoleta. Dejen de leer periódicos y revistas gratuitas y, POR EL AMOR DE DIOS, compren lo que es la mejor publicación actual de literatura humana. ¿ES QUE NADIE SE DA CUENTA ME CAGO EN LA PUTA?

A ver si escribo algo para La Kurda, me apetece mucho pero el tiempo me aprieta los cojones. Tendría que haberlo entregado ya, pero ya sabéis cómo funcionan las cosas.

En fin, os dejo con un micro relato y les deseo que no empiecen el mes de Diciembre con una retención de cojones del salario por culpa del estado y un par de gilipollas con gorra (sí, esto ha sido muy personal).

Tenía 16 años cuando me masturbé por primera vez. La gente se sorprende por esto. A los 27 follé por primera vez. Con esto la gente se queda un tanto paralizada. A los 32 hice mi segundo polvo. Pocos me creen -"estás de broma"-, comentan. Lo extraño del caso es que cuando les digo que aún nunca me he enamorado todos parecen entenderme y me abrazan y me cuentan sus mierdas y lloran y yo solamente quiero volver a casa y abrirme una lata y ver la tele y estar tranquilo. Muy tranquilo, porque nunca me he enamorado.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El hombre de la piscina.


-¿A qué coño se dedica usted?

-Compro mierda y luego la vendo.
-¿Mierda?
-Sí, a la gente le encanta la mierda.
-¿Está casado?
-Lo estuve.
-¿Qué pasó?
-Me volví a casar estando casado.
-¿Y qué pasó con el segundo matrimonio?
-Digamos que nunca dejé el primero.
-...Quítese la chaqueta de una vez, me está entrando calor.
-No gracias.
-Bueno... ¿Le importaría decirme qué hacía usted desnudo en la piscina de mi casa?
-Como le decía...me dedico a comprar y vender mierda.
-Sí.
-Digamos que en este negocio a vece se gana y otras...
-...se pierde.
-No. A veces se gana y otra veces, la mayoría de veces, se muere.
-Mal negocio.
-Sin duda. Digamos que tuve una buena oportunidad. Una muy buena oportunidad. Era arriesgado, podía terminar muy mal, pero si la cosa salía bien, tendría mis pelotas bien cubiertas por un tiempo. Quizás el resto de mi vida.
-¿Y salió bien? ¿Mal?
-Ni una cosa ni la otra.
-¿A qué se refiere?
-Se lo voy a explicar. Había un tipo, un chico joven, que se hacía llamar "Dientes negros". "Dientes negros" llevaba poco tiempo metido en el negocio. Era sangre joven. Este negocio, como con la mayoría de negocios, está conducido por la vieja escuela, por los hombres de ayer, los hombres que alzaron el maldito país. Los tipos consiguieron el trono y ahora se están pudriendo en él. Supongo que me sigue, usted sabrá de lo que hablo...
-Sí...
-El caso es que "Dientes negros" era un chaval joven lleno de energía que quería comerse el mundo.
-Un momento.
-¿Si?
-¿"Dientes negros"?
-El tipo perdió una apuesta en la que no tendría que haber entrado. No tenía dinero para pagar al ganador y se pasó tres semanas encerrado en un cuarto. Cuando llevas tres semanas encerrado en un cuarto, sin beber ni comer nada, tu mierda se convierte en el mejor de los manjares. "Dientes negros".
-Entiendo.
-El tipo estaba cabreado con esos viejos y quería arrebatarles su mandato. Juntó a la gente adecuada, gente interesada en que las cosas cambiaran. Ya sabes, para que el dinero, el poder, cambiase de manos. Entonces reunió a mucha gente, a gente de la que ya nadie se acordaba. Empezaron a correr rumores de que "algo estaba pasando". Entonces, estos rumores llegaron a mi. Yo trabajo con la vieja escuela. Trabajaba, más bien. Digamos que como en mis matrimonios, las cosas no fueron del todo bien y ahora era un solteron. No estaba con nadie, pero estaba con todos. "Dientes negros" quería joder bien jodidos a los viejos, así que preparó un plan. La idea era hacer eso que hicieron los putos Romanos, ir tomando territorios y conviertiendo a los otros en los tuyos. Yo tenía cierta información, que de algún modo, vendí a los viejos. No es que quisiera protegerles, de hecho creía que no tendrían demasiadas posiblidades de salir de ésta, pero almenos habría sacado algo de pasta. Ellos me ofrecieron otro negocio; jugar a dos bandas, boicotear a "Dientes negros". Me ofrecieron algo que ningún hombre podía denegar. Oro. No es que nos guste el brillo de esos lingotes, no es el brillo, es más bien lo que evoca; coches caros, piernas largas, champán francés y noches interminables de sexo y langostinos. Acepté el trato pero me pasé sus indicaciones por los cojones. En vez de esto le conté al chaval todo lo que sabía sobre esos malditos viejos. Sus gustos, sus puntos fuertes y sus debilidades. Dónde podías encontrarlos los domingos por la mañana o dónde se peinaban sus mujeres. Con qué papel se limpiaban el culo y qué clase de sexo extraño practicaban con las prostitutas asiáticas del barrio viejo los viernes por la noche. Todo parecía ir sobre ruedas, parecía que las cosas iban a cambiar. Por un momento todos pensamos que se avecinaba un nuevo mundo. Entonces "Dientes negros" apareció muerto con la boca llena de mierda de caballo. Malditos viejos de mierda. Los tipos lo habían sabido todo desde el principio, me utilizaron para dar confianza al chaval, para que en algún momento, en medio de sus delirios de grandeza, se despistase un poco. Solamente un poquito. Entonces *blam*; "Dientes negros". Evidentemente mi apuesta salió mal, no vi ni el rastro del brillo del oro y ahora querían mis pelotas en un cenicero. Hace escasas horas he estado a punto de irme. De desaparecer de este mundo. He visto el maldito túnel del que hablan las viejas. He estado a punto de morir. Pero ha pasado algo y sigo aquí. No sé qué ha sido, quizás un golpe de suerte, no lo sé, pero he sobrevivido. Entonces iba andando por la calle, destrozado, pensando en que me había librado esta vez pero que vendrían otras. Nunca podría librarme de la venganza de esos tipos. Estaría siempre perseguido por la muerte. Al fin y al cabo como todos. Entonces he pasado por el lado de su casa. De su preciosa casa si me permite decirlo.
-Por supuesto. Muchas gracias.
-Y entonces he pensado,...he pensado que con toda esta vida que he llevado, con todo este ajetreo, todo el peligro, las prisas, el sufrimiento, en toda mi vida no había tenido la oportunidad de zambullirme en una piscina. Nunca había podido encontrar el momento para bañarme en una piscina, tranquilamente. Y ahora que tenía la muerte tan cerca, era o ahora o nunca. He entrado en su propiedad, me he desnudado y he sumergido mi cansado cuerpo en el agua fría. Era como olvidarlo todo, como si nada hubiera existido. Solamente mi cuerpo flotando en la nada. Nada tenía sentido, ni lo mejores momentos ni los peores, mi vida era totalmente insignificante. No tenía importancia. Vivimos la vida como si fuera una carrera y lo único que tenemo que hacer es detenernos y contemplar todo este mundo, aún que solamente sea durante un momento.
-Comprendo.
-Supongo que tengo que irme. Siento mucho haberle despertado.

El hombre de la piscina se levanta, coge su ropa ya seca y se larga por la puerta. A veces por la noche entra algún extraño en tu casa y se atreve a decirte cómo tienes que vivir.

martes, 20 de octubre de 2009

"Lingote"


Tenían todo el cuerpo lleno de aceite y las tetas más grandes que había visto nunca. Sus piernas eran largas como palmeras y sus coñitos estaban afeitados como los ángeles. Eran prostitutas muy caras.

Me había pasado tres años trabajando en ese almacén de libros infantiles, comiendo mierda y cagando basura. Tres años de sufrimiento y tristeza. Tres años de sacrificio. Tres años perdidos. Había un tipo en el almacén que se hacía llamar "Lingote", un tipo listo. Decía que solamente quería estar un tiempo currando para luego pasarse un mes entero viviendo como un rey, como un señor. Haciendo todo lo que siempre había querido hacer. El tipo lo ahorraba todo. Vivía como un mendigo para tener el mínimo de gastos. Solamente comía sardinas de lata y garbanzos de bote. Casi nunca venía con nosotros a tomar una cerveza y siempre vestía igual. Vale, el tipo apestaba un poco, pero tenía un buen plan.

Yo me largué del curro antes que él. Me despidieron porque era un mal trabajador. Lo hacía casi todo mal, no expresamente, digamos que simplemente era malo conduciendo los toros mecánicos. Muy malo. Me dieron un poco de pasta por el despido y me apunté al paro. Decidí dejar el piso donde estaba viviendo y largarme de nuevo con mi madre, así podría ahorrar un poco de dinero para mi prometedor futuro. El primer mes me lo pasé tumbado en la cama con la mano en la polla. El segundo más o menos igual, pero con los gritos de mi madre de fondo. Ella quería que moviera un poco el culo. Así que lo moví. Me hice un currículum y empecé a buscar trabajo por internet. Hice varias entrevistas pero eran curros de mierda y nunca prosperé. Me daba mucha pereza empezar a tomarme la vida en serio. La vida que siempre había querido tener. No sabía cómo empezar, era como un terrible abismo y me sentía un pedazo de mierda.

"Lingote". Una noche me vino este nombre a la cabeza. "Lingote". Y de repente lo vi muy claro.

Como os he dicho, esas prostitutas eran la cosa más increíble que había visto en mi vida. Estaban delante mío y yo estaba delante de ellas. Todos desnudos. Sus tetas brillantes de aceite de oliva me miraban a los ojos. Ese era el momento por el que había estado currando durante varios años. Todo el sudor de mi frente, las manos sucias y el cerebro destrozado por este par de putas perfectas. Todo el tiempo sacrificado por unos billetes de mierda se resumía a esto. Todos los días perdidos, ahogados en jornadas de ocho horas, se resumían en un par de mujeres de tetas de silicona untadas en aceite. Mi vida valía esto. Quizás, al fin y al cabo, no era demasiado, quizás incluso fue un poco triste, pero era mi momento y me lo merecía. Tenía que recibir mi parte.

Como es habitual, volví al mismo trabajo cuando se me terminó el paro. Volví a cabalgar el toro mecánico con mi destreza asquerosa y volví a ver a "Lingote". El muy hijo de puta nunca dejaría ese trabajo, en el fondo su idea era una locura. El tipo, aún así, seguía vistiéndose como un mendigo y soñando con ese mes perfecto que nunca llegaría. Al menos tenía un sueño. Al menos tenía un buen plan.

Yo no.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Había un tipo greñudo en la habitación.

"Había un tipo greñudo en la habitación. El tipo se apartó un mechón de pelo de un lado de su cabeza y se lo puso detrás de la oreja. Entonces vi que tenía como un coño justo delante de su oreja. El tipo se lo rascaba, como si fuera una herida, una crosta. Verlo rascar ese coño me creaba cierta incomodidad, quiero decir, lo hacía sin cuidado, lo tocaba como si fuera un trapo sucio. Estaba como destrozándolo. No llegaba a sangrar ni nada, pero lo removía sin respeto. Creo que el tipo no sabía que tenía eso en la cabeza. Creía que tenía algo, cualquier cosa, pero no un coño. Entonces Fred me pasó el canuto y me pasé el resto de la noche fumando y mirando a las tías que había en esa casa."

domingo, 30 de agosto de 2009

La cara más asquerosa del mundo

Ese tipo tenía una cara rara. Os lo juro, era casi inhumano. Me senté en el banco del parque y me saqué el periódico de la mochila. El tipo iba siguiendo todos mis pasos, hasta cierto punto era algo incómodo. Empecé a buscar la sección de ofertas de trabajo, necesitaba encontrar un curro que no me rebentara la cabeza. La sección era más pequeña de lo que imaginaba. Me habían comentado que ese periódico era el mejor para encontrar ofertas de empleo, menudo montón de mierda. Todo eran ofertas para ser policía, bombero o vigilante. Yo buscaba otro tipo de cosas. El tipo feo seguía allí, mirándome sin ningún tipo de pudor. No me gustaba esta mierda. Durante la semana anterior había hecho varias entrevistas de trabajo y en todas me habían echado fuera, nadie me había aceptado en su curro de mierda. La cosa de los empleos empezaba a ser un poco desesperada y ese tipo me estaba tocando los cojones con su puta cara asquerosa y su mirada infinita de mierda. El tipo tenía una expresión muy jodida, estaba como loco o algo, quizás pensaba en matarme o algo. Así que me levanté y tiré el periódico a la basura, decidí ir a caminar un poco por la calle a ver si veía algún cartel con una oferta de empleo en algún restaurante o tienda. Entonces el tipo se levantó y empezó a acercarse hacia mi. Yo aceleré un poco el paso, estaba claro que ese tipo me robaría o me apuñalaría. Sabía que lo tenía a escasos dos metros, aceleré un poco más. Justo cuando estaba a punto de echar a correr noté como el tipo posaba su mano en mi hombro. Me giré acojonado. Por Dios, tenía la cara más asquerosa que había visto en mi vida. Estaba preparado para recibir la terrible puñalada final. Estaba claro que esto era mi final. Entonces el tipo dijo:

-"Me gustas mucho. Creo que estoy enamorado de ti."-

viernes, 27 de marzo de 2009

Follar y volver a follar

Llevábamos horas hablando sobre cómo ir vestidos al funeral de nuestro amigo Richard. Roy decía que prefería ir de negro mientras que Jake y yo optábamos por ir vestidos de forma normal, como siempre, como Richard nos había conocido. La coca voló rápido y fuimos a por más, también a por un par de pizzas. En un momento de la noche Roy se puso nervioso y pegó a Jake y éste empezó a sangrar por la nariz. Roy se pasó varias horas disculpándose y luego se encerró en el baño. Creo que lloró. Justo cuando íbamos a salir de casa para ir a urgencias David se quedó parado delante de la ventana y dijo:
-Tios, hay una tia en pelotas en nuestra terraza.
Eran las 6 de la mañana.
Los 4 nos quedamos parados delante de la ventana, mirando las tetas de esa criatura celestial. Se movía como un maldito ángel y todos teníamos unas horrorosas ganas de follárnosla. Fue Jake quien salió. Con la nariz sangrando invitó a la chica a entrar. Se llamaba Theresa. La invitamos a coca y a las sobras de pizza. No sabemos de dónde salió, pero nos pasamos media mañana follando con esa tia. A Jake se le curó la nariz y Roy se tranquilizó. Aunque me cueste admitirlo, en ese momento el funeral y la muerte y toda la mierda me parecía algo muy sencillo y no demasiado importante, y creo que para los demás también. Luego fuimos los 4 al funeral de nuestro amigo vestidos con la ropa del día anterior y luego volvimos a casa a seguir follando con esa tia.

Supongo que hicimos lo correcto.

jueves, 27 de noviembre de 2008

El otro día conocí a una mujer


En esa época estaba trabajando en un almacén de libros infantiles. Mi labor era una mierda, tenía que empaquetar los pedidos y organizarlos para el envío. Me ocupaba de los envíos pequeños y lo hacía en una sala pequeña a un lado del almacén. Eso estaba bien, podía tomármelo con calma y parar un rato para leer el periódico y fumar un poco, nadie me decía nada. Normalmente, de las 8 horas solamente trabajaba unas 6. Fuera estaban todos esos tipos que iban con el toro mecánico arriba y abajo y sudando y fumando puros y bebiendo cerveza y trabajando de verdad. Solamente coincidía con ellos en la hora de la merienda cuando me sentaba a su lado y les escuchaba hablar y escupir en el suelo, yo casi nunca decía nada, solamente deseaba que la pausa terminara y pudiera volver con los envíos pequeños y mis cigarrillos.

Había un tipo llamado Marius que llevaba trabajando en el almacén como 20 años o más, era un tipo bajito pero muy robusto, era como un mamut enano, o algo así. Cuando nos sentábamos a merendar siempre hablaba él, siempre contaba lo mismo y siempre reaccionábamos igual. "-Mi mujer se folla a otro tipo, un camarero del centro. Algún día le partiré la cara a ese hijo de puta-". Claro que sí Marius, claro que sí. Luego se subía a su toro mecánico y cargaba cajas durante 4 horas más. Normalmente yo hacía unos 100 paquetes al día, pero entonces, durante esta época, empezaron a llegar más y más pedidos y tenía que trabajar el doble de rápido. Justo antes del verano siempre pasaba lo mismo, la gente se volvía loca y empezaba a trabajar el doble para tener el setiembre cubierto. Eso a mi me jodía ya que el trabajo se hacía imposible para un solo hombre y entonces cogían a algún niño de mierda que quería ganarse un sueldo para el verano. Odiaba a esos niños que veían este trabajo como un pedazo de mierda temporal para sacarse unas perras, joder, era mi trabajo y ya llevaba como 4 años ahí y no tenía planes de dejarlo.

Estaba leyendo los deportes y fumando mi cigarrillo cuando entró. Era una chica bajita, de unos 23 años. Pensé que sería una estudiante de bellas artes y que se pasaría el día hablando de artistas y pintores o lo que fuera que estudiase.

Primero le costó entender la dinámica del proceso. Leer los pedidos en la hoja, entrar en el almacén, sacar los productos y actualizar el stock. Luego empaquetar según los distintos tamaños y destinos, hacer copia del pedido, engancharlo en el paquete, firmar la hoja de proceso, poner la hora de inicio y de fin y pasarlo al departamento de envío. Lo hacía mal, pero había visto a otros chicos hacerlo peor. "-¿Tienes mujer Blas?-", claro que no. "-¿Dónde has estudiado?-", nunca terminé ninguna carrera. "-¿Qué haces para divertirte?-", trabajo aquí. La chica no paraba de preguntar y hablar. A mi me gustaba estar en silencio, haciendo mi trabajo mientras pensaba en mis cosas, pero la chica siempre estaba preguntándome cosas y hablándome sobre ella. Resultó tener 29 años y estaba terminando traducción e interpretación de no sé qué. Os juro que parecía mucho más joven, casi una niña, pero era una mujer. "-¿Te caigo mal Blas?-", claro que no, por Dios. Nunca le contestaba, la verdad.

A los pocos días la chica ya hacía los paquetes grandes igual de bien que yo, y eso que casi no le dije nada sobre cómo hacerlo, la verdad, era muy observadora e inteligente. Un día empezó a hablar en el idioma ese raro que estudiaba, me sorprendió mucho y me gustó. Me enseñó a decir "hola" y "adiós", sonaba realmente raro, el caso es que a partir de ese día siempre nos saludábamos de ese modo. Los chicos estaban contentos con ella y Marius nunca dijo eso de su mujer y el camarero, creo que quería evitar decir que estaba casado o algo así, ya me entendéis. Ella no era muy guapa, aunque tampoco era fea, digamos que no era mi tipo.

Al terminar la jornada dejaba que se fuera antes y yo me quedaba solo y apagaba las luces y las máquinas, normalmente me fumaba un último cigarrillo y me iba a casa a comer mi lata de guisantes y mi bistec mientras daban la película en el canal local. Ella siempre se largaba sola a casa, pero un día, cuando salí ya tarde, me la encontré charlando con Marius. Me despedí y me largué. En ese momento tuve una extraña sensación, de que algo iba a terminar mal.

Julio ardía como nunca y el almacén era un infierno. Sobretodo en nuestra sección de envíos pequeños. Decidimos ir a buscar un ventilador viejo en el piso de arriba, en las oficinas. Subimos los dos y vimos a todos esos tipos bien vestidos hablando por teléfono, cristo, menuda mierda de trabajo pensé. Buscamos un ventilador que nadie utilizara pero no encontramos nada, entonces ella se acercó a un chico y empezó a hablar con él. Se rió unas cuantas veces y le tocó un poco la corbata, luego el chico nos dejó su ventilador. Joder. Bajando las escaleras le comenté la jugada, ella no dijo nada y me pasó por delante para llegar antes al almacén. Le miré el trasero y la verdad que no estaba nada mal.

Cuando ella empezó a relacionarse más con los chicos durante la hora de la merienda empecé a dejar de ir a comer con ellos. No me gustaba verla hablar nuestro idioma delante de los otros. Se suponía que era como una broma privada de nosotros, de los de envíos pequeños. Dejé de comer con ellos y ella se me acercó un día y me preguntó si me había enfadado. "-Claro que no-", le dije, ella me tocó la mano, me miró y me sonrió. Luego se despidió con nuestro saludo y se largó a casa. Creo que fue la primera vez que se me ponía dura en el trabajo. Esa noche pensé un poco en todo esto, no me terminé el bistec ni los guisantes y no miré ninguna película.

Al día siguiente, al llegar al trabajo, ella ya estaba hablando con Marius, no la saludé y me dirigí al pequeño almacén. No hablamos demasiado durante el día y a la hora de la merienda Marius vino a buscarla y se fueron con todos. Yo me quedé. Cuando volvió me dijo que yo era un tipo raro, que no entendía por qué no merendaba con ellos. No le dije nada y seguí empaquetando. Miré el reloj y eran las 8 de la tarde. Las 8 y cinco minutos. Fue en ese momento cuando ella se sacó la camiseta y me mostró sus pechos. Era el día 31 de Julio de 1998, el día de mi aniversario, tenía 42 años. Se me acercó y me cogió la cara, yo seguía empaquetando con las manos. Luego me desabrochó la camisa y me sacó el cinturón del pantalón, se arrodilló y me abrió la cremallera. Me bajó los pantalones de pana de color verde oscuro y me apretó los genitales. Luego acercó su cara hacia ellos y me besó el pene con los calzoncillos puestos. Luego me los sacó. Hacía calor en el almacén pero me temblaban las piernas. Aparté el paquete y firmé y puse la hora de finalización. Ella estaba comiéndome el pene en el trabajo. Le cogí la cara y la levanté hacia mi, nos besamos y le besé los pechos, y la cara y el cuello y todo su cuerpo. Nos subimos en la mesa de manipulación y nos desnudamos, os juro que en ese momento no tenía ni puta idea de nada en el mundo. El ventilador hacía un ruido tranquilo y se estaba bastante bien. Estábamos follando entre paquetes y hojas de ruta cuando Marius entró en la sala. Se nos quedó mirando un rato y luego se largó. Nosotros nos tomamos nuestro tiempo y seguimos. Cuando me abrochaba la camisa de nuevo el reloj marcaba las 10 menos 10. Nos despedimos con un beso en la boca y ella se largó, yo apagué las máquinas y ordené un poco el sitio para que los de la mañana no se lo encontraran todo desordenado. Como si alguien hubiera follado allí. Apagué las luces y me largué a casa. Guisantes y bistec, la verdad es que esa noche estuvieron realmente deliciosos.

Al día siguiente ella no vino. Me uní con los chicos en la merienda y Marius contó su "-Mi mujer se folla a otro tipo, un camarero del centro. Algún día le partiré la cara a ese hijo de puta-". Pregunté por ella y alguien me dijo que solamente tenía contrato para el mes de Julio. Marius preguntó por mi mujer, le dije que bien, que se estaba recuperando. No dije mucho más, la verdad es que nunca hablaba demasiado durante la hora de la merienda.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Fragmentos sobre el azar

Manel entra en la panadería y pide amablemente una baguette. Por algún motivo el panadero le da una barra de medio y le cobra 30 céntimos más de lo que le habría costado la baguette. Manel se va extrañado de la panadería.

Josep Tàrrega está apoyando su tarjeta del bicing encima del lector de la parada de Sagrada Família. Esta vez le toca la bicicleta número 14. Al llegar a ella ve que la rueda de detrás tiene el freno apretado contra ella, por lo que pedalear resulta un trabajo un tanto arduo. Josep deja de nuevo la bici y vuelve a apoyar la tarjeta. La parada le comunica que ya no hay más bicis disponibles. Josep Tàrrega tenía prisa y no dispone de dinero en efectivo ni tarjeta de metro.

Daniel Díaz Rialp está sentado en el sofá de su casa. Se dispone a ver de nuevo la cuarta temporada de Perdidos, para estar preparado cuando llegue la quinta. Antes se dirige a la cocina a coger una bolsa de ganchitos, pero dentro del armario ya no quedan bolsas de ganchitos.

Un hombre titubea en mitad de la Plaza Vella de Terrassa. De repente cae al suelo y se queda tumbado. Nadie lo ve, todo el mundo está tomando los postres con su familia.

Hay algo en este mundo que hace que las cosas vayan jodidamente mal. Por suerte no nos sucede a nosotros.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El Dr. Moragues

Entra un hombre despeinado con una elegante chaqueta en una sala de espera. Con él lleva varias bolsas de plástico y un carro de la compra. Se sienta en el sillón más grande y lo ocupa todo con sus cosas. No hay nadie más.

El Dr. Moragues tiene una muy buena reputación en el campo de la traumatología, es muy respetado por sus compañeros de oficio y, a la vez, por su família, a la que ha obsequiado con la compra de un chalet en Andorra y varios automóviles. A los pacientes del doctor les gusta su trato amable y familiar, siempre se interesa por la vida del paciente y nunca actúa de forma desagradable. Podríamos decir que es un doctor de la vieja escuela, un SEÑOR en mayúsculas.

Cuando el señor de las bolsas entra en la consulta del Dr. Moragues éste le hace pasar con un cordial saludo después de darle un buen apretón de manos.

-Siéntese, por favor.

El hombre de las bolsas se sienta y le cuenta su problema, parece que se ha caido por la calle y le duele la mano, teme haberse roto algo.

-Mire señor, yo no puedo hacer nada. Aunque lleve esta chaqueta elegante intuyo que usted es un mendigo. No sé cómo ha logrado llegar hasta aquí, pero yo no puedo ayudarle. No me puedo permitir mandarle a hacer una radiografía y muchos menos dedicarme a hacerle una escayola. Los pobres tienen que ser pobres y tienen que estar jodidos, tienen que afrontar los golpes de la vida. Usted y yo formamos parte de este peculiar teatro de la vida donde se suceden distintas azañas de distintos niveles. A usted le ha tocado intepretar a un personaje y a mi otro. Esta vez yo soy el hombre elegante y adinerado y respetado y usted es un mendigo. La próxima vez puede que sea al revés. Hágame el favor de comportarse como un mendigo y salga de mi consulta, túmbese en la calle rodeado de sus bolsas de mierda y arrepiéntase de su pasado. Si algún día le veo por la calle, quizás le de una moneda, si usted me lo permite.

El Dr. Moragues acompaña al hombre hacia la puerta y le invita a salir. Hay una cordial despedida y los dos hombres se separan.

Años más tarde el Dr. Moragues se encuentra con el mendigo tirado en la calle, le falta una mano. El doctor se detiene y lo mira, busca algo en su bolsillo, luego en su cartera. Parece no encontrar nada de su agrado, así que emprende de nuevo su camino.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Vino español

A la gente le encanta contar anécdotas de mierda de alguna noche que estaban borrachos. A mi me encanta, es una buena forma de demostrar a gente que no conoces de que eres un tipo duro que bebe y que todo le importa una mierda. Es perfecto para ligar, a las pibas les encantan estas historias de potarse encima o de terminar escupiendo a un policía.

Esta es mi historia.

Salíamos del bar con varias botellas de vino debajo las chaquetas, las acabábamos de robar de un mueble que había al lado de la puerta de esa taberna. Os juro que la camarera, que creo que era la hija del propietario, era la chica más bella del mundo, qué culo y qué cara por Dios. Como podéis deducir, por aquel entonces éramos adolescentes. Siempre intentábamos caerle bien o lo que fuera para que nos prestara atención y se enamorara de nosotros o algo, como nunca lo conseguimos, ese día decidimos robarle botellas de vino añejo a su puto padre.

Una botella la reventamos directamente en la calle, las otras las abrimos y nos las repartimos. Cada uno una botella, éramos 5.

Seguimos andando por el barrio viejo y meado de la ciudad, cuando un grupo de tías pasaba a nuestro lado les decíamos "putas" directamente. Éramos tipos duros con el corazón roto que no buscaban coñitos esa noche. Mientras andábamos con nuestras botellas y nos creíamos los reyes del mundo, uno de nosotros decidió mear en un portal, así que nos esperamos un buen rato. Cuando uno bebe esa tarea requiere un poco más de tiempo. Fue durante esa espera que vislumbramos un pequeño balcón con gente con botellas que bailaba y reía y había tías y todo eso. Poseído por el odio hacia la diversión ajena, otro de nosotros cogió una botella vacía de 5 litros de agua que había al lado de un contenedor y meó dentro, una vez terminado, la lanzó hacia ese balcón de gente contenta. Joder, que se jodan pensamos todos. Curiosamente eso no les enfadó para nada y nos invitaron a subir a su casa. Pese que esa noche estaba dedicada al alcohol y a los tipos solitarios, decidimos subir para ver si conseguíamos follar, o algo similar.

El piso era una mierda, un piso de estudiantes con pocos muebles, trozos de revistas de tendencias pegados a la pared, botellas de Xibeca vacías al lado de la puerta y lámparas en el suelo. Cristo, qué podíamos esperar, ese piso estaba en el centro de la ciudad. Había muchos tíos, seguramente maricones, pero las tías que había estaban realmente buenas, ninguna era española. En esa época la modernidad no iba con camisetas anchas de colores, pelo inchado y gafas Ray Ban. La gente iba con franela y tejanos rotos y gorras puestas al revés. A mí no me preguntéis. La tía que nos abrió la puerta desapareció y entramos en la casa a nuestro aire. No saludamos a nadie y nos sentamos en el sofá a beber nuestro precioso vino. Había un tipo poniendo música, creo que era Radiohead y Blur y mierdas así. Por el suelo había otros maricas escuchando música y bebiendo licores. Entonces vino una chica y se sentó a nuestro lado, no le dijimos nada, como si su presencia nos importara una mierda. Entonces, y pese a que no era la moda, se sacó un poco de coca y nos invitó. Nosotros éramos de la vieja escuela del vino y pasábamos de esa mierda, pero como la tía estaba buena decidimos probar esa cosa. Justo después de esnifar eso, nos sentimos como mayores, como en otro nivel. Invitamos a vino a esa piba y a los maricas, empezamos a buscar buena música en las bolsas de discos de esos tipos y pinchamos a Dinosaur Jr. y Alanis Morissette (¿?), cocinamos pollo arebozado para todos esos universitarios europeos, rompimos una silla al simular que nos la follábamos y todo nos importaba una mierda y a esos tíos les molaba. Mezclamos yogur con hachís y les encantó, pusimos Pulp Fiction y dijimos todo los diálogos en voz alta, nos echamos bebida por encima y dos de nosotros terminamos en la ducha con dos de esas estudiantes. Les tocamos las tetas y nos besamos, pero luego salimos y seguimos bebiendo y esnifando su droga de europeos. Algunos maricones empezaron a quedarse dormidos y las tías se empezaron a enrollar entre ellas. Supongo que los españoles no estábamos preparados para esto. Solamente habíamos salido a beber vino con nuestros corazones rotos.

Luego la casa quedó en silencio.

Salimos a las 10 de la mañana y nos fuimos al Mercat de Sant Antoni a mirar comics, luego cada uno volvió a su casa y comió pollo a l'ast con sus padres. Dormirmos un poco por la tarde y quedamos por la noche para ir al cine. Mientras hacíamos cola uno de nosotros dijo "Creo que anoche me enrollé con uno de esos maricones". Aunque nos sorprendiera, finjimos verlo de lo más normal y, para que estuviera más tranquilo, le dijimos que a nosotros nos había pasado lo mismo, que todos nos habíamos enrollado con uno de esos maricas. Joder, era uno de los nuestros, no pasaba nada.

Luego seguimos saliendo juntos y bebiendo vino por las noches durante años, hasta que dejamos de hacerlo.

viernes, 4 de julio de 2008

Sin respirar

Era simplemente una apuesta. Se jugaban un par de billetes, que la verdad no importaban demasiado. Lo que buscaban era un sitio que les perteneciera. Hugo y Carlos , unos chavales de 11 años, estaban frente a ese precipicio, mirando hacia el frente, mirando las nubes, el cielo azul y el sol, flotando ahí arriba, quemándose y quemándolo todo.

En la piscina de los apartamentos, sus padres estaban untándose crema, bebiendo cerveza y comiendo aceitunas. Se habían pasado la mañana quemándose las espaldas y hablando del trabajo y otras mierdas. Se untaban crema mutuamente mientras largaban toda esa mierda. Todos llevaban gafas de sol, estaban rojos y sudaban. ¿No ves que estas borracha mamá? Mientras, Hugo y Carlos se hundían en la piscina, jugaban a aguantar lo más posible debajo el agua. Descubrieron que podían aguantar bastante, Carlos podía un poco más. Se hundían y se miraban desafiándose, a los ojos, a ver quién tenía más resistencia. Arriba, el olor de todas las paellas de todos los vecinos estaba destrozando la capa de ozono. Abajo no había ruido, no se olía nada, solamente estaban ellos dos. No había padres ni madres, ni hermanos ni hermanas. Ni chiringuitos ni vecinos ni bicis ni cuerpos quemados ni castigos ni horas de ir a comer o cenar. Todo era bello, ni grietas, ni suciedad ni basura ni peste, ni esa peste de comida que estaba siempre por todas partes. Esos tipos de fuera se pasaban el día comiendo paellas. Sólo comían, no se prestaban atención los unos a los otros, se quemaban y comían con ese puto olor. Debajo el agua podían estar tranquilos. Podían enseñarse los rabos sin que les dijeran maricas, podían investigar los cuerpos que tenían sin vergüenza. Carlos fue el primero en sacarse la polla. Hugo le siguió y ambos se quedaron con los bañadores en las rodillas, dejando flotar sus pequeños penes en el agua. Se abrazaron, apenas se conocían pero se abrazaron y sabían que no tenían nada que temer. Entonces ellos vinieron, llenando el fondo de burbujas y removiéndolo todo. Se tiraron al agua con sus cuerpos aceitosos y peludos, su peste de comida, las tetas enormes y caídas de ellas, con ese pelo teñido apestoso y sus bañadores baratos. Ellos guardaron sus pollas y se fueron a buscar las toallas. Se cubrieron con ellas, se secaron. Observaron a toda esa gente en la piscina, removiéndolo todo y descuartizando la calma. Ya no les apetecía volver a ese sitio.

Frente al precipicio sabían que si se lanzaban, esta vez esos tipos no les podrían seguir y joder la tranquilidad. Se miraron, se abrazaron y se tiraron a la vez.

-¿Qué te parece el verano?
-No me gusta.
-A mi me gusta más que el colegio.
-Tampoco me gusta el colegio.
-¿Hay algún sitio que te guste?
-¿Has probado alguna vez a ver cuánto aguantas debajo el agua? Sin respirar.

domingo, 1 de junio de 2008

Hamburguesas


Esto son cinco tipos en un pequeño bar. Tienen prisa, pero uno de ellos tenía hambre y han parado para que coma algo. Está anocheciendo. Es verano.

A: Cristo, no sé si podré aguantar este calor.
B: Si quieres te cambio el sitio, justo arriba tengo el ventilador y me está tocando los cojones.
A: Da igual, pero no nos estemos demasiado tiempo aquí.
C: Estaremos el tiempo que haga falta. Quiero una hamburguesa. Desde que me he levantado que no he comido nada. Además, llevo toda la semana pensando en comer una hamburguesa. No importa lo que tarde esa señorita en traer la hamburguesa ni lo que tarde yo en comérmela. Esperaremos, ahora el tiempo no importa.
E: ¿No piensas comértela en el coche? ¿Te la vas a comer aquí?
C: Me la comeré tranquilamente en este bar. ¿No te parece un sitio tranquilo?
A: Cristo, hace mucho calor.
B: Ponte aquí joder, ya te lo he dicho.
E: Me parece más tranquilo que follarse a una muerta, pero no podemos permitirnos perder el tiempo en...en tonterías.
A: Da igual tío, no me ralles. Puedo aguantar el calor, no estaremos mucho rato tampoco.
C: Pues yo creo que comer no es una tontería. Si quieres no pido la hamburguesa, si quieres ni siquiera paramos en este bar. Entonces, llegada la hora, estaré muriéndome de hambre y no podré concentrarme en lo que me tenga que concentrar. ¿Crees que esto es una tontería? ¿Has intentado nunca follarte a una puta con el estómago vacío? Joder, que no es importante dice. ¿Tu crees?
D: Hay que comer.
E: Joder. Joder. Joder. Esto es increíble.
D: Cálmate, solo es una hamburguesa. No puede tardar más de diez minutos.
A: Diez minutos me van a matar. Estoy sudando como un cerdo. ¿Tengo manchas en los sobacos? Cristo, creo que estoy chorreando. Tu, ¿tengo manchas en los sobacos? Cristo, tengo los testículos deshechos.
B: No, no tienes nada. Bueno, un poco, no mucho.
A: ¿Tengo o no joder?
B: No sé...
C: Este tío es la polla.
A: ¿Cómo que no sabes?
E: Sí que tienes tío, parece que tengas coños calientes en los sobacos.
D: Deja de quejarte. Relájate y dejarás de sudar. Esto es que estás nervioso.
E: Si, y deja de moverte tanto y de jugar con el puto azúcar.
C: Ve al baño, mójate la cara. Caga un poco. No estaremos mucho tiempo. Ve y relájate. Que luego tienes que conducir.
A: Vale, pero esa tía del culo gordo ya puede darse prisa con la hamburguesa, porque no aguanto mucho más rato aquí dentro.
D: Ve al baño y no hagas ninguna tontería. Te esperamos. Cuando regreses la hamburguesa ya estará en la mesa. Nuestro amigo comerá y podremos seguir nuestro camino.
A: Eso espero. Joder.

El tipo se levanta. Tiene la espalda sudada. Se levanta y va hacia el baño, no está muy lejos, pero tarda su tiempo. Se mueve como si tuviera seis tiros en el estómago. Esto es solamente una metáfora.

B: ¿De dónde ha salido este tío?
C: Es amigo nuestro.
D: Sí, conocido de un amigo nuestro.
E: Me pone nervioso, no me gusta la gente que se queja todo el rato.
D: Pues tendrás que aguantarte.
E: No, si ya veo que tengo que aguantar muchas cosas. La hamburguesa, ese tío que suda, el culo gordo de la mujer que te ha tomado nota,...
C: Eh tío, lo mejor del mundo son los culos gordos y las tetas gordas.
B: Sin duda.
E: Yo soy de tetas de silicona, de estrellas del porno y todo esto. Las gordas no me molan, lo he intentado, pero no puedo.
D: A mi me gustan las girls next door. Las chicas de verdad; tetas pequeñas, sin maquillar, sin tacones y con calcetines.
E: Para eso están las esposas. Tetas de silicona, ahí está el placer.
C: No sabes lo que dices. Es como toda esta mierda de la hamburguesa. No puedes entender que la gente encuentre...grandes placeres en cosas que a tí te importan una mierda. Crees que ahora estamos perdiendo el tiempo, lo sé, pero a ver, realmente no tenemos prisa y yo tengo hambre.
E: Hombre, prisa sí que tenemos. Pero a mi me la suda, yo sólo acompaño, no es cosa mía. Yo vengo, hacemos lo que tengamos que hacer, cobro y me voy a casa con mis tetas de silicona.
C: Pues ya está.
B: ¿Pero a dónde vamos?
D: Si no hablamos de ello en el coche, ¿qué te hace pensar que lo haremos en un maldito bar de carretera repleto de camioneros y fulanas?
B: Perdón, yo sólo...
C: No pasa nada, tranquilo. Es sólo que no queremos cagarla... ya sabes. Tu tranquilo amigo.
E: Esto me parece increïble.
D: Te pagamos y te callas. Y si sigues quejándote e insultando a esa pobre señorita, me pediré seis bistecs y estaremos aquí hasta la madrugada.
E: Yo me callo. Ya está.
C: Mira, ves, no hace falta quejarse tanto...
B: Parece que la hamburguesa ya está aquí.
C: Por fin. Me encanta este olor.

La mujer del culo gordo se acerca con una bandeja. Ahí está la hamburguesa, que viene acompañada de un montón de patatas fritas. La mujer sonríe al servir. No tarda en marcharse y dejar a los hombres hablar de sus cosas.

D: Ves, ese culo tampoco está tan mal.
E: Pffff....
D: No tienes ni idea de nada.
B: Yo no me pasaría la noche intentando follármela, pero tampoco le haría un feo si quisiera probar mi polla.
C: Bien dicho, yo creo que todos nos la follaríamos. Quizás ahora no, en la situación en la que estamos, pero en algún otro momento...todos lo haríamos.
E: Ni muerto, ese tipo de tías...
C: Imagínate que un hijo de puta te apuñala en la cara. A partir de esto tu amigos te ponen un mote gracioso y ni las putas quieren follarte. Al día siguiente otro hijo de puta te saca toda la pasta por internet y tu banco pasa de ti. Imagínate que el hijo de puta de tu jefe te deja sin trabajo y tienes que vivir en la calle. Joder, en ese momento darías lo que fuera para poder meter tu polla en el culo gordo de esa tía.
E: Quizás sí, pero dudo que tenga tanta mala suerte...
C: Nunca se sabe.

El tipo sudoroso vuelve del baño. Tiene el pelo mojado y la camisa empapada.

D: ¿Ha sentado bien la ducha?
A: Cristo, esto es la gloria. ¿Ya ha comido éste?
B: Justo acaban de traerle la hamburguesa.
A: Mierda...te doy cinco minutos.
C: Calma tío.
E: Déjale, yo paso de decirle nada.
C: Dios, me encantan las hamburguesas.
B: Cómetela ya o me la como yo.
C: No vayas de chulo que no te pega.
B: Perdón.
C. Es broma tío. Este tío es la ostia. Me encanta.
D: Venga, cometela ya.
C: Ya va, jodeeeeeeer.

Silencio. Todos miran la hamburguesa.

C: Son mucho mejores que un maldito coñito.
B: Y vienen con patatas. Muchas.
A: Y enormes.
D: Las pibas sólo vienen con problemas.
E: Y enormes.

El tipo empieza a comer la hamburguesa, poco a poco. Todos le miran. Él manda, él decide. Si quiere puede estar toda la noche comiendo hamburguesas, pero no lo hará. Esta noche no. Esta noche estos hombres tienen trabajo. Él lo sabe. Es sólo cuestión de tiempo. Ahora están sentados alrededor de una mesa, hablando de coños, tetas, culos y de cómo vivir y qué opinar. Parecen tranquilos pero no lo están, ni siquiera él. Ahora están en un bar, dentro de poco se levantarán, esperarán a que él pague a la mujer del culo gordo. Luego se subirán al coche. El tipo que sudaba conducirá, como lo había hecho antes de detener el coche. Justo después de que él le dijera que quería parar en ese bar porque tenía ganas de comer una hamburguesa. Conducirán por la carretera, quizás durante un par de horas o más. Luego, él mirará al tipo que sudaba en el bar, con disimulo. Éste parará el coche en la cuneta. Todos bajarán y cuando el tipo que estaba debajo del ventilador, en el bar, pregunte por qué han parado, el tipo que le gustan las tetas de silicona se sacará un cuchillo y se lo clavará en la parte trasera del cuello. El tipo de debajo el ventilador no notará nada. El de las tetas de silicona, dentro de unas semanas, recibirá un ingreso en su cuenta por haber hecho esto. El muerto seguirá estando muerto. El muerto, cuando aún no lo estaba, y hablo de hace justo una semana, conoció a una chica por la calle. Hablaron y se cayeron bien. Esa misma noche salieron a beber y bailaron, incluso se besaron. Dicen que le metió los dedos. Creyó que había tenido suerte, pero había conocido a la mujer equivocada. Era la mujer de él, el de la hamburguesa, quien por cierto escupirá encima del cadáver. Las pibas traen problemas, todo el mundo lo sabe. Lo enterrarán allí mismo. Muy hondo. Cuando vuelvan a subir al coche se estará haciendo de día. Entonces volverán al bar, no se fijarán en el culo gordo de la mujer y esta vez estarán callados. Habrá una silla vacía. Pedirán varios cafés y ninguno, ni siquiera él, pedirá una hamburguesa.

viernes, 21 de marzo de 2008

La polla más dura del mundo



Me quedé sentado un buen rato, mirándola. Mirando sus enormes tetas moviéndose, su precioso culo embutido en esas bragas turquesa, me refiero a esas bragas que son como un pantaloncito, no sé si sabéis a lo que me refiero. Esgrimía su culo ante mi cara, podía vislumbrar las formas de sus genitales. Se agachaba ante mi mostrándome el peso de sus berzas, y me miraba. Pero no se me ponía dura. Mi polla no pudo ponerse dura.

No sé cuanto tiempo estuve tumbado, quizás media hora, o más. El caso es que un tipo negro me ayudó a levantarme y me sentó en la acera. Al poco rato se largó y me quedé solo. Intenté andar hacia casa pero las costillas me dolían demasiado. Vi ese cartel de chicas con tetas enormes y pensé en descansar un poco. Descansar viendo tetas. Me merecía un pequeño premio joder. Entré en el club y lo primero que vi fueron esas tetas.

En la calle me acababan de patear, eran 4 o 5 tios. Eran fuertes, vestían tejanos y camisetas a cuadros. Yo iba más bebido que ellos. El último golpe fue en las costillas. Antes me habían tirado al suelo y me habían golpeado por todo el cuerpo con sus malditas botas de cowboy baratas. Algún golpe me acertó en plena cara, pero al contrario de lo que pueda parecer, tampoco fue tan doloroso. Duele más la incapacidad de no poder hacer nada, de estar tan borracho que lo único que puedes hacer es quedarte tumbado y esperar a que se cansen o te maten. También duele la humillación. La humillación de ver como la chica que intentabas ligarte está de pie riéndose de ti, viendo a sus colegas patearte el culo y riéndose. Fue el golpe en la parte trasera de la cabeza el que me tumbó, pero antes golpeé yo a ese hijo de puta. El problema es que tenía 3 o 4 tios detrás.

Desde el primer momento supe que lo que quería ese tipo no era tabaco. Muchos empiezan así, hay gente que es más original. Estaba largándome de ese bar, ya había pedido perdón, pero el tio quería algo más. Quería que todos supieran que él era EL HOMBRE. Y nadie intenta follarse a la chica de EL HOMBRE. Estaba andando hacia casa y entonces el tipo salió del bar, me preguntó si tenía tabaco.

Me acerqué a la barra torpemente, con el cubata en la mano. Me senté a su lado, cristo, estaba realmente buena. -Me llamo Carlos- le dije. -Me preguntaba si te gustaría pasar la noche conmigo, tengo una habitación alquilada aquí cerca-. Me miró y bebió un poco de su cerveza. -¿Estas intentando follarme?- Me preguntó. -Maldita sea, ya no somos críos, podemos ir directos a la cama, follar y mañana será otro día-. Nunca había hablado así a una mujer, pero el caso es que dejó su cerveza, me cogió de la mano y me preguntó si quería bailar. No pude ni meterle la mano en la cintura, ese tipo salió de la nada me tiró el cubata al suelo. Me empujó y empezó a gritarme. -Lo siento tio, no sabía que este pajarito estaba cazado- le dije. -¿Te estás riendo de mi, capullo?-. Cristo, lo último que quería eran problemas. -No lo siento de verdad, ya me voy, mira, me estoy marchando-. Empecé a andar hacia la puerta, sin mirar atrás. Mierda, al salir hacía un frío acojonante.

No se cuantos cubatas me había tomado, pero sí sabía que me los había bebido todos mirándole el culo a esa chica de la barra. Joder, a veces te dan ganas de ser un mono y poder follar sin tener que ligar ni mierdas. Ese culito me estaba volviendo loco. Desde que pisé el bar, no había podido parar de mirarlo. Allí estaba yo, mirando a esa piba, a veces se giraba y podía ver sus enormes y blancos pechos, su cabello caía sobre ellos y los rozaba con suavidad, seguían la silueta de sus tetas, las cuales estaban como elevadas por el sostén que llevaba. Eso hacía que fueran unas tetas bastante grandes. Llevaba un pequeño jersey blanco que dejaba la cintura al descubierto. Y tenía un piercing en el hombligo. Parecía que sus pantalones no empezaban nunca, cristo, -¿Es que esa chica no tiene bello púbico?- Tenía los pantalones muy abajo, en serio. Y qué culo. Joder, creo que me pasé 1 hora mirando ese culo con la polla más dura del mundo entre mis piernas.

jueves, 6 de marzo de 2008

Hdsyf


Estamos preparando una pequeña, y grata, sorpresa para el Saló del Còmic. Para que luego digan que somos unos vagos y maleantes.

El otro día me pasó algo curioso. Me pasé la tarde dibujando en el trabajo, ¿vale?, dibujos de mierda, pero bueno. Al salir me los guardé en el bolsillo de mi nueva chaqueta o lo que sea eso y pillé la bici y me largué a casa a cenar. Cuando llegué a casa cené con calma y luego quise escanear los dibujos DE MIERDA, pero resultó que ya no estaban en el bolsillo. Tenía dos opciones, solamente dos. Sudar, ya que tampoco eran la ostia (que sería lo más normal) o intentar encontrarlos haciendo de nuevo (y a pie) el camino casa-trabajo, una misión imposible. Escogí la segunda opción. Cuando empecé mi pequeña gran aventura cotidiana sabía del cierto que no encontraría una mierda, o que sería muy difícil dar con los 5 Din A-4 con dibujos de mierda. En mi cabeza había organizado un ranking de importancia para las hojas. Pensaba que si sólo encontraba uno, me gustaría que fuera el dibujo de, por ejemplo, las pollas. Luego, si encontraba otro, lo ideal sería que fuera el de las tetas. No sé si me explico.

Empecé a andar y al llegar a la siguiente manzana me planteé volver al querido hogar y abandonar esta estúpida cruzada. Pero seguí, como los hombres de antes.

Paso tras paso, llegué de nuevo a mi trabajo. No había encontrado nada. Había hecho el camino, buscando debajo los coches y zig zageando las calles, como un capullo, para nada. Sabía que aún me quedaba el camino de vuelta, pero si ya no había encontrado las hojas, fijo que no las encontraría al volver. Los putos Din A-4 tenían que estar en el medio de la calle, ya que había ido en bici, y todos juntos y doblados dos veces, que es como los había guardado. No podían estar desperdigados en las aceras o debajo de los coches, aún así lo miré TODO. Pensé que algún gitano o algo los habría encontrado y al ver que habían tetas y coños se los habría quedado para yo qué sé qué.

Empecé la vuelta a casa. Sin esfuerzo ni ganas de buscar. Había entrado en una guerra ya perdida desde el principio. Era un perdedor, sin duda. Llegaría a casa sin nada y habría perdido TIEMPO de sueño. Entonces, en un cruce, casi me aplasta un camión de la basura, eso ya habría sido la ostia. Lo seguí con la mirada, maldiciéndolo, y entonces, en el suelo (que ya había rastreado antes) vi algo, a lo lejos. Como un papel de esos para limpiarse las manos que hay en los baños. Me acerqué poco a poco, deseando que fuera el Din A-4 de las pollas. Me parecía imposible, ya que la textura era como suave, como de papel de arroz casi. Me acerqué, me agaché y lo cogí. Era un papel gastado, lo desdoblé y allí estaba una de mis hojas. Era la de las pollas. Miré alrededor pero no había nada, estaba sola y abandonada. Cristo. Al menos había conseguido el dibujo que más quería. Seguí por esa calle, mirando como un animal de esos que ven a piñón de bien, un lince o un caballo, no sé. Había otra hoja, escondida, un poco más adelante. Era también uno de mis dibujos, pero ése era el que menos quería, el último de mi lista. Seguí cual explorador y encontré dos hojas más sin mucha más dificultad. Lo curioso es que parecía que esos papeles estuvieran vivos, porque nunca los veías a la primera pasada. Es como si se movieran, como si fueran pájaros heridos escondiéndose del olfato de mi perro de caza. Todos los papeles estaban como jodidos, con marcas de piedrecitas, estaban como planchados, aplastados por los coches que les habían dado vida y ganas de correr y esconderse. Habían quedado más planos y finos de lo que eran antes, pero todos estaba intactos, sin agujeros ni mierdas. Solamente me faltaba uno, el segundo de mi lista, uno que me gustaba especialmente. Busqué como un hijo de puta por todas partes, me fui bastante lejos intentando descubrir los pensamientos del papel, intentar deducir por dónde lo habrían empujado los coches, qué tipo de coche era. ¿Era el camión de la basura que casi me mata y que todo el rato tenía delante? Lo seguí, seguí un puto camión de la basura, con el conductor mirándome y pensando -¿qué coño?-. Pasé por calles de mierda, esperando a que recogieran las basuras, mirando entre las ruedas del monstruo para ver si mi OBRA MAGNA (a estas alturas el dibujo de mierda era algo tan deseado que lo tenía como una obra perfecta, había crecido con tanto deseo y tanta dificultad...) estaba entre sus garras. Pero no. No encontré nada. En ningún sitio. Ese papel ya no existía.

Entonces me paré y me rendí. Desistí. Decidí abandonar mi dibujo, el número dos del ranking. Algo dentro de mí me decía que siguiera, que no me rindiera. Que tampoco era tan difícil, si en ese cruce estaban los otros, tenía que estar éste también. Era EVIDENTE. En algún sitio tenía que estar joder. Volví al cruce y, como si nada, lo vi tirado en medio de la calle. Os juro que antes no estaba allí, había buscado por ese trozo de calle durante media hora, y joder, ahora estaba a la vista de todo el mundo, no podía haberme pasado por desapercibido. Estaba vivo, seguro. Mi dibujo estaba vivo como un cabrón borracho que intenta volver a casa. Lo cogí, era el nº 2, mi querido número dos. Os juro que la sensación de haber cumplido la misión me dejó en un estado de tranquilidad, orgullo y perfección inexplicable. Me sentí como el puto Sherlock Holmes. De algún modo era lógico que tenía que encontrarlos, encajó la última pieza y la evidencia se reveló. Lo había logrado.

Mientras volvía a casa con cierta celeridad (llegué a pensar que mi numerosa familia creería que me había largado a beber) pensé en los viejos tiempos. En esos días en que las cosas se hacían en la calle, con las manos, dejándote la piel, pensando, jodiéndote. Antes del puto internet y de los iPod's. Ahora puedes desear cualquier cosa y sólo tienes que buscarla en el puto google y pagarle con paypal. Pero antes no había buscadores, antes tenías que buscarte la vida, espabilarte con lo que tenías, arrastrarte por la calle, golpeando las aceras por un puñado de respuestas. Respuestas que serían perdición, perdición que sería gloria. Buscar en el todo con la seguridad de que no encontrarás nada y deseando encontrarlo todo, es la cosa más bella que ha existido después del vino, las mesas, las sillas y las personas.

El dibujo de arriba es el nº 2, y tiene que ver con lo que estamos preparando para el Saló. El nº 1 resultó ser un dibujo inútil y ya esta en la basura, con el resto de hojas que dibujé ese día.