domingo, 20 de abril de 2014

Una moto cojonuda


 Se compró una moto cojonuda. "La mejor opción del mercado" según el vendedor. Algo cara, pero la mejor opción del mercado al fin y al cabo. La guardaba en el comedor de su casa. Le encantaba mirarla mientras comía. Esas lentejas estaban más buenas con esa moto delante. Las lentejas, el puré de patatas, las sopas de sobre. Todo eso estaba más bueno gracias a la moto. Y no solo eso, ya casi ni encendía el televisor. Ni películas, ni series, ni noticias de actualidad. ¿Actualidad? ¿Estás bromeando? La moto era cojonuda. "¿Vienes a dormir?", decía su esposa. La verdad es que no le apetecía "ir a dormir", prefería quedarse toda la noche mirando la moto, tumbado en el sofá mirando la moto. Le habría gustado nacer moto, poder hablar con su nueva moto de cosas de motos en el idioma de las motos. Nada de problemas de humanos, nada de carne ni de sangre ni de sexo ni de comida, solamente conversaciones de moto. Nada de dinero ni de esposas que llegan tarde a casa y se ponen a llorar. Nada de amigos muertos y nada de hijos que pegan a otros hijos en el colegio. Solo acelerar, girar. Las luces, metal caliente. Ser una moto de putamadre, la mejor opción del mercado. Eso habría estado bien, una moto en vez de un hombre. Una moto en vez de un hombre que no había hecho nada en su vida, nada excepto comprarse una moto cojonuda. "¿Vienes a dormir?". Solamente un rato más por favor, solo un rato más.