miércoles, 10 de septiembre de 2008

Vino español

A la gente le encanta contar anécdotas de mierda de alguna noche que estaban borrachos. A mi me encanta, es una buena forma de demostrar a gente que no conoces de que eres un tipo duro que bebe y que todo le importa una mierda. Es perfecto para ligar, a las pibas les encantan estas historias de potarse encima o de terminar escupiendo a un policía.

Esta es mi historia.

Salíamos del bar con varias botellas de vino debajo las chaquetas, las acabábamos de robar de un mueble que había al lado de la puerta de esa taberna. Os juro que la camarera, que creo que era la hija del propietario, era la chica más bella del mundo, qué culo y qué cara por Dios. Como podéis deducir, por aquel entonces éramos adolescentes. Siempre intentábamos caerle bien o lo que fuera para que nos prestara atención y se enamorara de nosotros o algo, como nunca lo conseguimos, ese día decidimos robarle botellas de vino añejo a su puto padre.

Una botella la reventamos directamente en la calle, las otras las abrimos y nos las repartimos. Cada uno una botella, éramos 5.

Seguimos andando por el barrio viejo y meado de la ciudad, cuando un grupo de tías pasaba a nuestro lado les decíamos "putas" directamente. Éramos tipos duros con el corazón roto que no buscaban coñitos esa noche. Mientras andábamos con nuestras botellas y nos creíamos los reyes del mundo, uno de nosotros decidió mear en un portal, así que nos esperamos un buen rato. Cuando uno bebe esa tarea requiere un poco más de tiempo. Fue durante esa espera que vislumbramos un pequeño balcón con gente con botellas que bailaba y reía y había tías y todo eso. Poseído por el odio hacia la diversión ajena, otro de nosotros cogió una botella vacía de 5 litros de agua que había al lado de un contenedor y meó dentro, una vez terminado, la lanzó hacia ese balcón de gente contenta. Joder, que se jodan pensamos todos. Curiosamente eso no les enfadó para nada y nos invitaron a subir a su casa. Pese que esa noche estaba dedicada al alcohol y a los tipos solitarios, decidimos subir para ver si conseguíamos follar, o algo similar.

El piso era una mierda, un piso de estudiantes con pocos muebles, trozos de revistas de tendencias pegados a la pared, botellas de Xibeca vacías al lado de la puerta y lámparas en el suelo. Cristo, qué podíamos esperar, ese piso estaba en el centro de la ciudad. Había muchos tíos, seguramente maricones, pero las tías que había estaban realmente buenas, ninguna era española. En esa época la modernidad no iba con camisetas anchas de colores, pelo inchado y gafas Ray Ban. La gente iba con franela y tejanos rotos y gorras puestas al revés. A mí no me preguntéis. La tía que nos abrió la puerta desapareció y entramos en la casa a nuestro aire. No saludamos a nadie y nos sentamos en el sofá a beber nuestro precioso vino. Había un tipo poniendo música, creo que era Radiohead y Blur y mierdas así. Por el suelo había otros maricas escuchando música y bebiendo licores. Entonces vino una chica y se sentó a nuestro lado, no le dijimos nada, como si su presencia nos importara una mierda. Entonces, y pese a que no era la moda, se sacó un poco de coca y nos invitó. Nosotros éramos de la vieja escuela del vino y pasábamos de esa mierda, pero como la tía estaba buena decidimos probar esa cosa. Justo después de esnifar eso, nos sentimos como mayores, como en otro nivel. Invitamos a vino a esa piba y a los maricas, empezamos a buscar buena música en las bolsas de discos de esos tipos y pinchamos a Dinosaur Jr. y Alanis Morissette (¿?), cocinamos pollo arebozado para todos esos universitarios europeos, rompimos una silla al simular que nos la follábamos y todo nos importaba una mierda y a esos tíos les molaba. Mezclamos yogur con hachís y les encantó, pusimos Pulp Fiction y dijimos todo los diálogos en voz alta, nos echamos bebida por encima y dos de nosotros terminamos en la ducha con dos de esas estudiantes. Les tocamos las tetas y nos besamos, pero luego salimos y seguimos bebiendo y esnifando su droga de europeos. Algunos maricones empezaron a quedarse dormidos y las tías se empezaron a enrollar entre ellas. Supongo que los españoles no estábamos preparados para esto. Solamente habíamos salido a beber vino con nuestros corazones rotos.

Luego la casa quedó en silencio.

Salimos a las 10 de la mañana y nos fuimos al Mercat de Sant Antoni a mirar comics, luego cada uno volvió a su casa y comió pollo a l'ast con sus padres. Dormirmos un poco por la tarde y quedamos por la noche para ir al cine. Mientras hacíamos cola uno de nosotros dijo "Creo que anoche me enrollé con uno de esos maricones". Aunque nos sorprendiera, finjimos verlo de lo más normal y, para que estuviera más tranquilo, le dijimos que a nosotros nos había pasado lo mismo, que todos nos habíamos enrollado con uno de esos maricas. Joder, era uno de los nuestros, no pasaba nada.

Luego seguimos saliendo juntos y bebiendo vino por las noches durante años, hasta que dejamos de hacerlo.

2 comentarios:

Hombre bueno discos dijo...

Collonut. Peró vigila amb les faltes d´ortografia,collons!

pd: així que només vaig ser jo el que es va liar amb el marica?
jodeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer

Larsvondick dijo...

Muy bueno tío.

Me toca mucho los cojones que hayan hijosdeputa por ahí, como el Ezcritor de mierda ese, que se cree que escribe bien, y vosotros seguís con vuestro pequeño grupo de seguidores, y vuestro contador de mierda, que se resetea cada dos por tres...
Yo, afortunadamente, no soy marica, pero no me importaría haceros una caricia bucogenital.