viernes, 19 de noviembre de 2010

The Party Donuts

Me encantan The Party Donuts, hacen un rock nuevo. Una mezcla de viejos y nuevos sonidos. Es pura fuerza. Este de la foto es el cantante, en directo patea culos. Es pura dinamita de rock. Menuda fiesta en el Spotify.

Vamos a jugar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Kurda #2

Una amiga de mi tía está casada con un tipo que tiene un puesto importante en una fábrica de esas en las que, a parte de otras cosas, hacen latas de atún. Pues bien, mi tía me comentó que el hombre una vez dijo que no se nos ocurriera comprar nunca latas de atún, ni grandes ni pequeñas, que todo eso es carne de pescado de mierda triturada tratada con colorantes y otras mierdas. Es el puto surimi del atún: ojos, espinas, mierda y odio. Si queréis comprar algo que realmente sea atún tendréis que apostar por los filetes esos que vienen en tarros de cristal. Más caros, pero de más calidad. Bueno, básicamente no es mierda enlatada.

Menudo susto, ¿no? Todos compráis putas latas de atún de packs de 6 ó 12. "Pero si eso parece atún" estaréis pensando. Pues ese tipo que se casó con mi tía no opina lo mismo. Bueno, es broma. Me he inventado toda esta mierda, podéis estar tranquilos. Simplemente me hacen gracia esas situaciones en las que alguien revela secretos de este tipo recurriendo a una fuente cercana. "Un amigo trabajó en el Pans & Company y el puto huevo es una barra enorme como de plástico, es muy jodido tío". Entonces el interlocutor piensa que ha tenido mucha suerte de haberse topado con esta información, es uno de los elegidos, es uno de los que sabe la verdad. LA VERDAD SOBRE EL ATÚN. "Ei, nadie lo sabe, pero el atún en lata está hecho de restos de pescado". "Shhh, pásalo, pero no demasiado". Menuda mierda. Comed atún en lata, que no pasa nada. Más de una vez me ha salvado el mes. Bueno, lo de los huevos del Pans & Company sí que es verdad. ¿Vale? Me lo contó una amiga.

Bueno, siguiendo con la mierda revisionista os meto aquí lo que apareció en la Kurda #2. Es algo más triste, nuestra etapa Bergman. En fin:Una noche hice el amor con tres chicas durante más de cinco horas. Fue algo muy poco propio de mí, algo inaudito, algo inhumano. Todo el porno del mundo concentrado en cinco horas, todo el sexo del mundo concentrado en mi polla. Y seguí con vida.

Lo que aquí les relataré no tiene nada que ver con esa noche, ni con esas piruetas sexuales ni con ese aguante de león. No les enseñaré mi diario sexual para que puedan excitarse ligeramente en el autobús, para que sus pollas se pongan un poco fuertes durante el viaje hacia su trabajo. ÉSTE NO ES MI OBJETIVO.

Vamos allá.

El despertar fue extraño, me dolía el culo pero estaba seguro de que no me habían metido nada ahí dentro. Quizás era algo relacionado con la próstata y el hecho de haberme corrido como treinta veces. El caso es que me levanté y dejé a esas bellezas tumbadas en la cama, durmiendo plácidamente, exhaustas de sexo y amor. La casa no era la mía. Tampoco era la de ellas. Me puse los calzoncillos y salí de la habitación (normalmente inmediatamente después de hacer el amor siempre me pongo los calzoncillos, por eso mismo me gusta puntualizar en este relato que esa noche en concreto dormí totalmente desnudo. Mi cuerpo rupestre al aire, sin tejido añadido. Utilizo este detalle para denotar que la noche fue como “muy loca”. He escogido la frase “Me puse los calzoncillos y salí de la habitación” [una frase sencilla] porque informa al lector de que antes de que se sucediera la acción no los llevaba puestos. Es una situación reconocible con la que el lector se puede sentir identificado). La casa era realmente grande, no la recordaba de la noche anterior. Empecé a deambular sin rumbo por la casa. Me encantó esa primera ruta por las estancias desconocidas, adaptándome al espacio vacío, a la altura del techo y al tacto de su suelo. Había una gran puerta de cristal al fondo de lo que parecía el comedor. Me acerqué y al otro lado se podía ver una terraza bastante grande con una piscina. Al fondo, un poco más al fondo, había pinos y rocas. Más al fondo había montañas y nubes y aún más lejos estaba el sol, grande, brillante, majestuoso. Me extrañó verlo tan vivo, ya que desde mi casa nunca lo había visto tan poderoso. ¿Dónde se suponía que estaba? La noche anterior estaba en una ciudad, ¿cómo coño había llegado a esta casa de campo o lo que fuera? Bueno, la verdad es que en ese momento no me importó demasiado esta incógnita. Me rasqué las pelotas durante un buen rato y luego seguí con mi inspección del territorio. La casa tenía dos pisos y se podía subir al segundo piso con cualquiera de las dos escaleras que había a cada extremo de la sala. A un lado estaba la puerta de cristal con la terraza y al otro lado, entre las escaleras, había dos habitaciones y un pasillo (en el medio). Las dos habitaciones eran dormitorios. El pasillo del medio llevaba a la puerta principal, un recibidor bastante ancho desde el que se veía (si se miraba hacia arriba, en dirección contraria a la puerta) un pequeño balcón que sobresalía del segundo piso. La casa tenía poca decoración; varias fotos gigantes que parecían sacadas de forma casual, me atrevería a decir que eran fotos de mierda (normales) que al ser ampliadas a tal tamaño parecían artísticas o (al menos) hechas con cierto criterio. El suelo era verde, hecho con baldosas. Estaba caliente, supuse que había algún sistema de calefacción. Un par de esculturas de formas cúbicas de distintos tamaños adornaban la sala principal. No sé si eran esculturas o minerales gigantes. Al subir al piso de arriba vi que todo el segundo piso era como un enorme loft, y en el medio había una cocina americana. Me puse a cocinar un poco de comida; unos huevos fritos con bacon, pan tostado a la sartén, puré de patatas y verduras cocidas. Puse la mesa y serví la comida. Luego fui a despertar a las tres chicas. No recuerdo sus nombres, había una negra y dos rubias. Eran realmente guapas, un buen pedazo de mujeres. Altas, pechos duros, ojos de cristal,…eran como MODELOS. Se pusieron sus bragas y sostenes y me siguieron hasta el piso de arriba. Parecían un poco desconfiadas. Estaban tan perdidas como yo. Cuando vieron los manjares se pusieron bastante contentas, se abalanzaron hacia la mesa y empezaron a comer. Las miré durante un instante, parecían unas criaturas infantiles, inocentes, todo el porno y el sexo jodido de la noche anterior había desparecido, solamente había pureza. Me pareció una buena estampa; tres chicas atacando una mesa llena de comida. En ese momento pensé en que recordaría esa imagen durante toda la vida. No tardé demasiado en unirme al festín. No nos presentamos ni nos dijimos quiénes éramos ni de dónde veníamos, solamente hablábamos sobre la comida y sobre la casa y reíamos y nos lanzábamos la comida. Al terminar lavamos los platos entre los cuatro y fue extrañamente divertido. Era jodido hacer estas cosas entre desconocidos, pero era como muy agradable, era como si no importara nada de lo que hubiéramos hecho antes, fuera de esa casa. Luego bajamos al salón y abrimos la puerta de la terraza, nos bañamos durante toda la tarde, hasta que el sol desapareció. Nos tirábamos a la piscina de distintas formas, saltábamos y nos empujábamos mutuamente. Nos abrazábamos constantemente y nos ahogábamos en el agua, parecía que estábamos contentos de estar juntos, y ni una sola vez, ni siquiera por medio segundo, se me puso la polla dura o tuve pensamientos sexuales.

Más tarde entramos en la casa, empezaba a hacer frío. Encendimos la televisión, nos tumbamos en el sofá y nos tapamos con varios cojines.

Unas horas más tarde, alguien abrió la puerta de la casa. Era un tipo flacucho de piernas gigantes vestido con mallas y una chaqueta de color salmón. El tipo empezó a gritarnos, no paraba de llamarme “tarado” y nos echó de la casa.

A veces me las encuentro, en algún bar, en alguna tienda o simplemente por la calle. No nos decimos nada, apenas nos miramos. Tímidamente me giro para verlas cuando están ya un poco lejos. Cuando un amigo me pregunta por esas “pibas” me limito a decir que “eran unas zorras que me follé una noche”, luego cuento la historia de esa noche en la que me tiré a tres tías buenas durante cinco horas, me explayo con explicaciones muy detalladas e incluso llego a inventarme alguna mierda. No les cuento nada de la mañana siguiente, de ese día perfecto, de esa sensación infantil, de la pureza del momento y de la felicidad absoluta. La verdad es que las añoro bastante. Añoro esa tarde y añoro esa sensación de no ser un tipo adulto, triste y lleno de miedo. Lo añoro con todas mis fuerzas.

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Vale, éste era el texto. He puesto esas líneas para no joder la lectura, para que supierais dónde estaba el final. Para que no empezarais a leer lo que estais leyendo ahora pensando que era parte de la historia. Nos entendemos.

Pues a parte de este texto puse una bonita lista que pego aquí mismo (me encanta hacer este tipo de listas):

IDEAS PARA FOLLAR MÁS:

-Renacer en forma de ave Fénix.
-Limpiarme las pelotas varias veces al mes.
-Estudiar una carrera o al menos terminar de una maldita vez la ESO.
-Aprender a hacer reducciones de vinagre de Módena.
-Tener un amigo como Casper, o Pluto o el monstruo de la Bella y la bestia. No recuerdo su nombre.
-Vivir en un mundo irreal en el que solamente existen dos colores, y uno es NUEVO.
-Abandonar a la esposa y a los críos e ir a vivir en un piso de estudiantes en el Born.
-Pedir la nacionalidad española.
-Dejar de comprar esas bolsas baratas de patatas Matutano, las pequeñas (las de 30 céntimos). Estéticamente no te queda bien y te hace parecer un niño.
-Olvidarte, al menos durante unos segundos, de querer follar más.

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Ya os habéis acostumbrado a estas líneas de separación. ¿No? Bien. Creo que una parte de esta lista ya la puse en este blog mientras escribía mierda para La Kurda #2 a modo de actualizaciones a tiempo real. Bien. Mi colaboración terminaba con una tira cómica, de humor. Está un poco mal organizada, pero es que ... mmm ... lo dibujé DROGADO ("clic" para verla mejor):

Y bueno, esto es todo. Hoy no os quejaréis, os he puesto bastante material para pasarlo en grande un triste lunes. Nos vemos amigos.

martes, 9 de noviembre de 2010

BICHOS, MONSTRVOS Y MASCOTAS

El caso es que he colaborado con un dibujo en una movida de los chicos de La Cruda. No es el dibujo de perro triste que tienen arriba, es distinto. Teníamos que dibujar un monstruo, una criatura terrible y desagradable, todo en dibujo de línea. Fino. A ver si sabéis cual es mi maldito monstruo. Os dejo el enlace aquí:

http://www.gramenet.cat/principal/lajuntament/serveis/cultura/arts-visuals/can-sistere/programacio-2010/cataleg-de-lexposicio-de-la-cruda.html

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Un mundo extraño"

Pedro: El otro día me fumé un porro.
Marcos: Menudo loco.
Pedro: Primero nada y luego, joder, luego te juro que las cosas se jodieron un poco.
Marcos: ¿Qué pasó?
Pedro: No era mi primera vez, pero nunca había fumado acompañado de una prostituta.
Marcos: Vaya...
Pedro: La tía fumaba como una loca, como si le fuese la vida. Mis hijos fliparon.
Marcos: ¿Estabas con Quim y Carles?
Pedro: Si bueno, no tienen ni 10 años, no creo que recuerden nada cuando les crezca vello en las pelotas.
Marcos: ¿Y qué paso?
Pedro: Como te he dicho las cosas se jodieron un poco. Los chicos me ayudaron a enterrarla en la carretera.
Marcos: ¿A la puta?
Pedro: A la puta.
Marcos: ¿Qué pasó?
Pedro: Las cosas se jodieron un poco.
Marcos: ¿Y los niños te ayudaron?
Pedro: No creo que recuerden esto cuando...
Marcos: ...¿Cuando tengan vello en las pelotas?
Pedro: Exacto.
Marcos: ¿Sabes?
Pedro: ¿Qué?
Marcos: Vivimos en un mundo extraño.
Pedro: Tienes toda la maldita razón.

El público entiende que con esta frase la obra ha terminado. Los aplausos no tardan en aparecer, la gente se levanta. "Ambos han estado magníficos" señala una mujer de edad media. Al poco rato salen los actores a saludar. Lo hacen varias veces, todas ellas recompensadas con un leve aumento de aplausos. Entre bastidores todos los actores y el equipo técnico se abrazan y se dan besos de alegría. Parece que "Un mundo extraño" ha sido un éxito. El director y actor principal ofrece unas tiernas palabras al equipo, la gente llora, es el gran momento de sus vidas.

Fuera, en las butacas, los hijos del director acaban de tener un flash terrible. La puta, las palas, el olor a marihuana, la carretera. Creen recordarlo todo perfectamente. De repente notan de nuevo la arena fría de la carretera en sus manos. No entienden nada, realidad y ficción se entremezclan. "Es imposible" -piensan- "que nuestro padre sea tan hijo de puta".

En el vestuario se ha abierto la primera de varias botellas de champán.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El álbum de fotos

Era la primera vez que José iba a casa de los suegros a cenar. La comida transcurre agradablemente, la cena estaba deliciosa. Al terminar se dirigen al sofá a ojear los álbumes de fotos de la familia. En una de las fotos aparece la novia de José a los 10 años en un parque acuático. Detrás hay varios niños jugando y uno de ellos está en pelotas. Este detalle pasa inadvertido para el resto de observadores debido a que el niño está en un segundo plano un tanto borroso, pero a José le resulta evidente ya que ese niño es él y recuerda perfectamente como su padre y sus amigos borrachos le arrancaron el bañador y le obligaron a nadar desnudo en la piscina. La coincidencia es sorprendente: años antes de conocerse, José y su pareja aparecen en una misma foto. Pese a la magia del momento, José se ve obligado a callar debido a su orgullo. Pasan la página y José no comenta nada. Nunca.

viernes, 8 de octubre de 2010

La Kurda #1

Bueno, como estoy haciendo cosillas para el tercer número de la kurda, voy a colgar lo que hice para el primer número, espero que no les importe. Ya hace tiempo de eso, ya es legal meterlo en la red:


LOS HOMBRES BORRACHOS


Los hombres borrachos son unos seres entrañables que habitan únicamente en España y Portugal. Son uno seres peludos que cagan con la puerta abierta y gritan cuando piden favores. Lo hombres borrachos hacen cosas tiernas pero también hacen cosas jodidas. Por ejemplo, los hombres normales nunca se abrazan. Abrazarse sin estar borracho es como comer un bocadillo de bacon frío. No es agradable, no tiene sentido, es de maricones. Los hombres borrachos se abrazan y se prometen muchas cosas, eso está bien. Se prometen LA eterna amistad y planean comprarse un velero, abandonar a sus esposas e hijos y marcharse hacia un infinito viaje sexual hacia Italia. Se lo prometen pero nunca lo cumplen, porque cuando un hombre deja de estar borracho abandona todas estas promesas. Es como crecer, los niño prometen no dejar nunca de jugar con los He-mans y a lo pocos años ya los tienen olvidados y se pasan el día intentando estocar su pequeño pene en cualquier sitio. En el otro extremo estos amigos borrachos también hacen cosas un tanto desagradables; a veces pegan a sus amigos y amantes, destrozan cosas y se mean, cagan y vomitan encima (cosa que hasta cierto punto puede llegar a ser una anécdota divertida).

En los peores casos lo hombres borrachos pueden desatar el horror y la muerte, totalmente justificable por el propio estado de ebriedad. Para que un hombre se emborrache hace falta que le rompan el corazón, el culo o que tenga ganas de comerse un buen par de tetas sin pensar demasiado. Normalmente lo hacen con alcohol barato comprado en el súper chino por sus hijos, quienes se quedan parte del cambio y los hombres borrachos hacen ver que no se han dado cuenta. Otros lo hacen con colonia chispas mezclada con pan de molde y otros llegan a emborracharse con sus esposas.

Todos los hombres han sido, en algún momento de su vida, un hombre borracho. Pero no todos lo hombres borrachos han sido hombres en algún momento. La ebriedad es una fase, una prueba que un hombre debe pasar. Algunos lo alargan toda la vida, otros unas décadas y otros más cobardes solamente unas horas e incluso minutos. Unos lo limitan a una estúpida celebración universitaria o alguna de estas mierdas. Otros juntan MUCHOS viernes de su vida y pierden muchos polvos por culpa de esto. Los más gallardos se pasan la vida entre botellas y botellines y se unen a esta fútil cruzada, a esta batalla perdida que es el hombre borracho.


Les voy a contar la historia de un hombre borracho:

Juan Robles tenía un buen plan. Era viernes por la tarde y empezó a emborracharse. Ese mismo día venía un colega suyo de toda la vida a la ciudad y querían hacer un poco de jaleo. Juan tenía 45 años y su amigo menos de 30. Bueno, eso de “amigos de toda la vida” es un poco exagerado. Juan trabajaba en una oficina limpiando el suelo y cambiando las bolsas de las papeleras, también hacía trabajos de mantenimiento y arreglos en las conexiones eléctricas, arreglaba la máquina de fax y todas estas mierdas que no debía hacer porque no le pagaban por ello.

El caso es que Mario, el amigo del que hablamos, trabajó allí varios años y ambos congeniaron bastante bien. Siempre hablaban en los descansos y algunas veces salieron por ahí a tomar algo. Luego Mario se fue de la ciudad y Juan se quedó trabajando en ese sitio de mierda sin ningún compañero agradable. Cuando Mario le llamó y le dijo que ese fin de semana vendría a la ciudad y que se podrían ver “un ratillo” (según las propias palabras de Mario), Juan le propuso inmediatamente quedar el mismo viernes en el centro por la noche para “recordar viejos tiempos y tomar unas copichuelas”. El señor Robles, con toda la alegría del mundo, empezó a prepararse bien temprano y se compró varias botellas de whisky barato Hacendado. Empezó a beberlo por la tarde, mezclado con Coca-cola. Se puso unos buenos temas de Chris Isaak de fondo y empezó la fiesta él solo en su casa. En eso consiste el hombre borracho, en la alegría desmedida, en el sentimiento de bien estar, en la felicidad extrema, la esperanza ciega, donde no hay lugar para las decepciones o las consecuencias desagradables. Juan se pilló un buen pedo a las seis de la tarde. El tipo estaba muy contento y a eso de las ocho de la tarde se hizo unos noodles de gambas para cenar. Todo el mundo sabe que no se puede salir a beber sin haber cenado nada. Este es un error en el que caen muchas chicas adolescentes con ganas de poner las pollas bien duras y que terminan poniéndolas bien rebozadas de jugo gástrico. En fin, como los noodles son un poco sosos per sé, Juan les añadió maíz dulce, mucho maíz dulce. A Juan le encantaba el maíz y los noodles con sabor a gamba. Cuando terminó de cenar puso la botella sobrante de whisky en una bolsa de súper y abandonó su hogar. Había quedado con Mario a las nueve y media de la noche en el centro. El tipo ya estaba bastante jodido y decidió ir en Metro para no caer por la calle. El whisky pegó fuerte justo cuando estaba sentado en el Metro. Delante tenía un par de chicas jóvenes que estaban muy buenas. De hecho Juan pensó que podía llegar a follárselas a las dos en ese mismo vagón.

Nada más lejos de la realidad. Juan intentó hablar y empezó a vomitar muy poco a poco. Eran arcadas de maíz dulce. No se notaba mucho, era como una tos extraña. Las chicas primero no se dieron cuenta y Juan consiguió ocultar un poco el hecho de que estaba potando. Se ponía la mano en la boca y cogía esos trozos de maíz y se los ponía dentro de los bolsillos. Hizo esto unas siete veces. Entonces ya tenía maíz por los dos extremos de los labios, en el cuello de su camiseta y en sus pantalones. A primera vista todo parecía normal, pero entonces veías todo ese maíz por el suelo, que caía desde los bolsillos de los pantalones de ese tipo, que también los tenía por toda su ropa, en pequeñas cantidades, y, finalmente, veías que surgían de su boca, en forma de pequeños grumos, salían a cada arcada que hacía ese tipo que iba vestido como un mendigo con una bolsa del Mercadona con una botella dentro. Encima el muy desgraciado llevaba las pantuflas puestas. Las chicas se levantaron y se fueron de delante de Juan. Iba entrando gente nueva que se sentaba al lado del borracho, pero al poco rato descubrían el percal y se largaban. Los bolsillos de Juan terminaron bastante llenos cuando llegó a la parada del centro, allí se bajó y varios seguratas le pararon. Se llevaron a Juan a una esquina y empezaron a interrogarle. Le confiscaron la botella y le preguntaron de qué país era. Juan era español pero en esos momentos parecía algo más jodido que un español (si es que eso existe). Le pidieron el DNI y Juan rebuscó dentro de sus bolsillos, fue sacando maíz hasta que dio con su cartera y pudo sacar el documento nacional de identidad. Los vigilantes, gente curtida en situaciones violentas y extremadamente desagradable (en fin, profesionales en el trato con borrachos), empezaron a tener arcadas y decidieron sacar a la calle a Juan.

Una vez fuera le dijeron que no volviera a subirse a un transporte público en este estado, luego los seguratas volvieron a entrar en el subsuelo corriendo. Juan estaba perdido, no sabía dónde estaba. Se miró la mano y descubrió que ya no tenía la cartera. O alguien se la había robado o se la habían quedado los vigilantes del Metro. Tampoco tenía la botella de whisky y estaba empapado en maíz. Entonces empezó a vomitar de verdad en medio de la plaza del centro donde quedaban todos los jóvenes para salir de marcha. En ese preciso instante apareció Mario.

-Joder Juan, te veo jodido. Bueno mira, he quedado con unas amigas, Jana y Amaia, están muy buenas y son diseñadoras o algo así. Viven aquí en el Born. Mira que no me puedo quedar contigo esta noche. ¿Te parece bien? Ya vendré otro fin de semana, intentaré no tener planes mejores que quedar contigo. Bueno, ya hablamos otro día. Adiós.

Juan volvió a casa y terminó de potar los noodles de sabor a gamba con el pequeño toque de la casa; el maíz dulce. Al día siguiente no se acordaba demasiado de nada y eso ya estaba bien.

Entrañable. Estas tristes historias de borrachos nos tienen que hacer reflexionar. El tipo, con toda la ilusión del mundo, se emborrachó para su amigo. Fracasó cuando su amigo prefirió follar y sudar de él. Pero lo bueno de todo esto son las incontables anécdotas que esos viajeros de tren contaran a sus amigos en los bares, en noches de drogas, en revistas o en blogs de internet sobre ese tipo jodido que estaba lleno de maíz. Maíz que iba potando poco a poco, muy poco a poco. Esta gente será graciosa por un momento, la gente leerá esta historia o la escuchará con atención. Luego estas otras personas las volverán a contar y esparcirán la anécdota de nuevo. Estas semillas son importantes. Estas semillas que se van plantando, poco a poco, dentro de las personas, con total humildad, sin pretensión, sin búsqueda de ningún éxito, son muy importantes. Esto, y solamente esto, es la eternidad. Esto es la batalla perdida que es el hombre borracho; humildad y eternidad.

martes, 5 de octubre de 2010

Sueños con Nocilla

Buf, qué tal. Aquí las cosas van bastante guays. Mucho trabajo, muchas reseñas. Esta noche he tenido un sueño muy extraño. Miento, de hecho era un sueño demasiado normal. El caso es que estaba en un supermercado y veía que aún tenían "copias" de esa Nocilla que sacaron hace tiempo con "extra de avellanas". Esta Nocilla fracasó y ya no se encuentra en el mercado, pero a mi me enamoró por completo. Entonces estaba yo en el súper delante de todas esas Nocillas limitadas y empecé a ponerme nervioso, las quería todas. El problema es que solamente tenía dinero para comprar una. Así que he cogido todas las Nocillas y me las he puesto dentro de la chaqueta, todas menos una, la que quería pagar. Estaba realmente nervioso, estamos hablando de un crimen. La cosa ha salido bastante bien y me he largado del súper con mis Nocillas. Luego el sueño ha hecho algo raro y he aparecido en un bosque con un unicornio, pero yo ya no era yo, era como un héroe de un mundo fantástico, alguien que respondía al nombre de "Ronnie". Y "Ronnie" ya no tenía las Nocillas "extra de avellanas". Ni "Ronnie" ni yo.

Es muy jodido el detalle de pagar una. ¡Sé valiente y róbalas todas! Menudo cobarde, incluso en los sueños. Incluso en el mundo eterno sin normas, en un mundo a mi merced, un mundo libre. El mundo de Neil Gaiman.